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Misiones puede promover el turismo, sostener programas de crédito, administrar sus cuentas con equilibrio o acompañar a sus sectores productivos, pero no puede evitar que el consumo se enfríe; ni que la construcción se quede sin pulso cuando la obra pública nacional se frena; ni que el precio de la yerba se vuelva una ruleta cuando desde Nación se decide que el INYM “no podrá dictar normas ni intervenir” de modo que afecte precios o la libre iniciativa privada.

Por Diego René Martín

Ninguna provincia controla las variables que determinan el rumbo económico, ni las amigas ni las de las otras. No fijan el tipo de cambio, no imprimen moneda, no regulan el sistema financiero, no administran la Aduana, no establecen el nivel del gasto del Tesoro ni pueden modificar impuestos nacionales. En síntesis: no tienen los instrumentos para revertir una crisis que no originaron. Están obligadas a actuar dentro de un marco que les viene dado. Después, claro, siempre aparece el comentarista porteño con saco entallado explicando que si las provincias hicieran la tarea…”. Como si el interior pudiera fijar la tasa de interés desde Pozo Azul.

Cuando la macro nacional se ordena, todas las provincias que tienen la cosa pública más o menos acorde, crecen. Cuando la Nación entra en turbulencia, todas las provincias la sienten. Ningún territorio está aislado ni puede “salvarse solo”. La salida empieza por reconocer lo esencial: si la macro no funciona, nada funciona.

La inflación vuelve a presionar el bolsillo: el IPC marcó 2,3% mensual en octubre y 31,3% interanual. Y mientras ese número corre, la política salarial juega a la tortuga: la propia dinámica de homologaciones muestra que el Gobierno viene defendiendo una “pauta salarial del 1% mensual”. Resultado: alimentos, transporte, tarifas y servicios esenciales empujan; los ingresos, en muchos casos, apenas acompañan.

 En el consumo masivo, los números son bastante menos épicos que los discursos. Las ventas en supermercados, a precios constantes, cayeron 0,8% interanual en septiembre (INDEC). En autoservicios mayoristas, la caída fue del 13,1% interanual, también a precios constantes. El “rebote” es selectivo y el bolsillo no compra relatos.

Ese mismo clima se ve en Misiones con una claridad que duele. La venta de combustibles en octubre cayó 10,2% interanual en la provincia, y el gasoil mostró un derrumbe del 15,4%: menos movimiento, menos laburo, menos margen. Y si querés un termómetro bien doméstico: la morosidad eléctrica se disparó y las cooperativas del interior hablan de un salto inédito en atrasos y cortes por falta de pago. No hace falta ser experto para entender lo que está pasando: cuando la economía se enfría arriba, abajo se congela.

Frente a este panorama, aparecen dos certezas. La primera: la crisis no nace en las provincias, aunque ahí se la padece con más crudeza. La segunda: ningún esfuerzo local puede revertir una macro que marcha en dirección contraria. Para corregir el rumbo, hace falta que la Nación asuma su rol: ordenar, estabilizar, recuperar poder adquisitivo y recrear condiciones de crecimiento. Hasta que eso no ocurra, las provincias seguirán administrando escasez, conteniendo daños y sosteniendo lo que puedan sostener de todo lo que se derrumba.

En este contexto, la visita del ministro del Interior, Diego Santilli, dejó un mensaje político que conviene leer con la lupa correcta. No fue solo una foto: fue el ring de una provincia que reclama lo que le corresponde sin romper puentes. Passalacqua llevó una agenda concreta —obras, energía, deudas, financiamiento— y Rovira recibió al ministro para respaldar esos planteos de Passalacqua y los misioneros de cara al Presupuesto 2026. Detrás de cada punto no hay un tecnicismo: hay jubilados, usuarios, productores y municipios atados a decisiones que solo puede tomar la Nación.

 A la vez, la conducción política “Misionerista”, ratificó su línea: firmeza en los planteos y, al mismo tiempo, disposición al diálogo. No se trata de aplaudir cualquier presupuesto: se trata de discutir uno mejor, con recursos reales, números que no sean agite para la tribuna y temas estratégicos en agenda —desde la caja previsional y los ATN hasta la cuestión yerbatera y la Hidrovía—. Ahí es donde se juega futuro, no en los post de X e Instagram.

Mientras tanto, con el margen chiquito que da la realidad, Misiones intenta amortiguar. El relanzamiento del “Ahora Fiestas” es un ejemplo clásico de política anticíclica a escala provincia. No resuelve la macro, obvio. Pero evita que el derrumbe sea más profundo en un momento sensible para familias y comercio.

Misiones marca una diferencia entre provincias que se limitan a lamentar y provincias que gestionan, reclaman y construyen redes de contención. Se eligió ese camino: discutir con firmeza la macro que la condiciona y, al mismo tiempo, sostener políticas que miren al futuro.

Porque en un país donde la tormenta baja desde arriba, la sensación es esa cuando pedís la cuenta y te la apoyan en la mesa: mirás el número, levantás la vista y pensás: “¿Qué rompimos?”. Lo más perverso es el detalle: el precio se define en Buenos Aires, pero la cuenta se reparte en Misiones y en todo el interior, con consumo planchado, producción frenada y familias estirando el mes. Si no baja el costo de esta macro —con estabilidad, ingresos que recuperen y reglas que vuelvan a darle aire al trabajo— vamos a seguir pagando como si hubiéramos pedido champagne, cuando apenas estamos tratando de llegar al café.

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