La vida líquida, de acuerdo a la concepción “baumeana”, se encuentra atravesada por el individualismo y todo se ha convertido en algo temporal e inestable. La filosofía de vida y los valores han cambiado radicalmente ultimamente, a causa de los movimientow políticos y sociales. En este contexto, el ser humano viene tratando de encontrar la manera de explicar la realidad.
Esta búsqueda ha ido evolucionando a lo largo de la historia de la humanidad, desde la época de los griegos, donde lo más importante consistía en ser un buen ciudadano, hasta la actualidad en donde hemos dicho que reina el individualismo.
(*) Por Nicolás Marchiori

(Veracruz)
El heredero de la Escuela de Frankfurt, Byung Chul-Han, destaca que en momentos actuales todo se reduce al corto plazo. Hoy se impone que toda necesidad debe ser satisfecha de inmediato. No tenemos paciencia para una espera en la que algo pueda madurar lentamente. Lo único válido es el afecto a corto plazo, el éxito veloz.
Con esta lógica, las acciones se acortan y se convierten en reacciones. Las experiencias se reducen a vivencias. Los sentimientos se empobrecen en la forma de emociones o afectos. Con estos elementos, la realidad se encuentra atravesada por sesgos.

Si bien es cierto que la transformación digital trajo avances positivos para la vida cotidiana; derribó fronteras, acortó los tiempos, conectó a las personas y permitió universalizar el conocimiento; también ha impactado de manera negativa en algunos ámbitos, por ejemplo, permite manipular realidades afectando directamente a las sociedades. La política es uno de ellos. Los algoritmos permitieron crear realidades atravesadas por sesgos, dicho de otra forma, realidades virtuales que no existen.

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Existe una gran parte de operadores políticos que optimizan el uso de los algoritmos para crear, instalar y hacer creer que estas realidades virtuales son verdaderas. Noticias falsas, trolls y otros tantos recursos, son utilizados por dirigentes que, ante la falta de propuestas concretas e ideas claras, apelan al uso de estas herramientas de manipulación para sacar réditos políticos.
La democracia se sostiene, en última instancia, por la confianza. Y cuando esa confianza se rompe, “una sociedad entera queda a merced de los hipócritas que la corroen y los cínicos que la arrasan”. Resistirlos no es solo un deber político: es una exigencia moral de supervivencia. Esa fisura entre lo dicho y lo hecho adopta dos formas distintas: la hipocresía y el cinismo. En ambos casos se traiciona a la verdad.

En el debate político se hace palpable y fácilmente verificable la mentira y la inconsistencia entre el discurso político (promesas, valores, ideología) y sus acciones (conductas, cumplimiento de compromisos asumidos y vida personal). A lo largo de la historia se ha podido observar que la política está llena de discursos hipócritas y acomodaticios, sustentados en la mentira y en medias verdades. Desde siempre, los dilemas éticos en la actividad política han sido tema de discusiones y deliberaciones filosóficas.

(El 19 Digital)
Ahora bien, pese a lo que se ha extendido a la opinión pública, la política no es en sí misma, ni sucia ni hipócrita, son quienes ocupan cargos públicos y posiciones relevantes los que la denigran al utilizar la mentira como instrumento de defensa y al ocuparse de sus propios intereses y no de los ciudadanos; de ahí que, con justa razón, éstos se sientan engañados, defraudados, y critiquen su hipocresía.
Calificar a alguien de hipócrita es tal vez el peor calificativo para describir a una persona y una de las peores críticas que se puede hacer a alguien. Lo importante no es el adjetivo que califica, sino si esa persona que en su conducta se comporta con lo que el adjetivo significa. Esa era la intención de Moliêre en “Le tarfuffe ou l’Imposteur”, una de las más conocidas comedias: mostrar a un farsante en acción, mostrar cómo un hipócrita puede destruir los valores de la sociedad; mostrar la personalidad compleja y los conflictos internos de alguien que se transforma en hipócrita, mostrar la máscara de la verdad detrás de la que se esconde la mentira y no confundir la apariencia con la realidad.

El profesor de Ciencias Políticas en Cambridge, David Runciman, en su obra “La hipocresía política”, realiza un agudo análisis sobre el problema intemporal de la posibilidad de la verdad en la vida política; en ella sintetiza que la hipocresía es la máscara con la que se disfrazan y esconden todos los que, desde Hobbes hasta nuestros días, detentan el poder por el poder.
El hipócrita es el que necesita mantener una fachada de rectitud. Parafraseando a François de La Rochefoucauld, “la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud”. Quien es hipócrita reconoce, aunque sea tácitamente, que existen valores que debe aparentar. De ahí su estrategia: hablar de democracia mientras la restringe, predicar la austeridad mientras goza de privilegios, invocar justicia mientras consolida la desigualdad. La hipocresía envenena la confianza pública.

El cínico, en cambio, no necesita máscaras, se complace en exhibir la mentira. Hannah Arendt advirtió en su obra “Verdad y política” que lo más peligroso no es la mentira aislada, sino la creación de un clima en el que la verdad deja de importar. Ese clima es el que propaga el cinismo. En la política actual, esto se refleja en el dirigente que responde con un “ellos también robaban” ante las pruebas de corrupción; en el empresario que defiende la desigualdad como ley natural amparándose en la brutal falacia de “las reglas del mercado”.
A diferencia del hipócrita, que aún teme ser desenmascarado, el cínico convierte el desenmascaramiento en un gesto de orgullo.

La hipocresía degrada porque traiciona lo que proclama y el cinismo destruye porque niega que haya algo que proclamar.
El único antídoto frente a esto es devolver a la política su dignidad moral. En tiempos de cinismo, recordar que la política puede ser un acto de servicio es un gesto verdaderamente revolucionario. Y en tiempos de hipocresía, la coherencia es el más alto de los valores que podemos esperar de la clase política.
En la época de los políticos de TikTok y de los mensajes vacíos sin propuestas concretas, vemos que un vasto sector de la dirigencia política está más preocupada en conquistar espacios de poder que en solucionar los problemas de los ciudadanos de a pie.

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-“Lumpenaje”
El “lumpen” es ciego al análisis de clase, inmune al cargo de consciencia que provoca la falta de empatía, embrutecido y con un nivel de cinismo descomunal avanza y ejerce su poder sin importar la condición social de quienes están del otro lado.
Su accionar se puede advertir fácilmente: desprecia la búsqueda de soluciones a problemas colectivos y alimenta la guerra entre pobres. La cultura lumpen corroe las estructuras sociales, disipa fuerzas, y lo más peligroso, seduce y contagia. Entorpece permanentemente la construcción y sostenimiento de las reglas de juego. El “lumpen” prefiere mil veces la timba a cualquier proceso meditado para llegar a un fin que redunde en un beneficio para todos. Cuando hablan de batalla cultural, lo que están buscando promover es la naturalización del todo contra todos, la ley de la selva, el sálvese quien pueda.

La cultura “lumpen” se infiltra mediante una propagación sistemática de enunciados efectistas marcados por una exaltación del individualismo y la meritocracia por sobre las nociones de comunidad. Se distingue su hegemonía cuando la balanza se bandea para el interés particular por sobre el interés general, cuando el caos es la norma, cuando las nociones de justicia aparecen difusas o inexistentes, cuando no hay democracia de base y cuando la transparencia en la información es débil.
La “lumpenización” es el resultado práctico de la dictadura de mercado. Miente quien afirma que la libertad de mercado es un asunto anexo del proyecto de sociedad o un asunto técnico acerca de la eficiencia en la administración de los recursos o una forma de comprender el estímulo a la creación y producción de riqueza. Las nociones morales implícitas al sistema de competencia calan hondo y nos conducen a un estado de violencia permanente. Cuando la sociedad cae en la trampa discursiva y elige abonar sistemáticamente a través de la creciente influencia de las redes sociales y los grandes medios concentrados un modelo que premia la propiedad y el egoísmo, que enuncia que la carrera atrás del éxito económico a cualquier costo deviene en futuro promisorio para todos, la encerrona es evidente y el resultado cantado.

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-Desinformación, colonización mental y discursos de odio
No descubrimos nada nuevo si decimos que un sector de la política viene trabajando de manera sistemática para colonizar mentes y generar odio, miedo y desesperanza en la sociedad, imponiendo un discurso que atenta contra la democracia y que está al servicio de un verdadero “colonialismo mental” que implica la ruptura de la paz social tal como la conocemos.
Los canales de comunicación han evolucionado invasiva y masivamente y se adaptan a las nuevas realidades. En los últimos años, se viene advirtiendo que los gobiernos se ven sobrepasados en sus capacidades comunicacionales para hacerle frente a la desinformación. Una gran parte de la población prefiere creer en narrativas que les generan empatía y que alimentan su sesgo de confirmación, antes que en datos reales y verificados. Las consecuencias están a la vista: el nivel de odio que circula en las redes sociales con la proliferación de teorías conspirativas y de “fake news”, es realmente alarmante.

Uno de los principales elementos para poder imponer esa realidad virtual es la creación de matrices y mitos por parte de los “creadores” de la comunicación hegemónica. ¿A qué nos referimos con esto?, a que se elaboran como “verdades” informaciones, conceptos, opiniones e ideas que se presentan como realidades, y que terminan instalándose como tales a través de la repetición sistemática.
Se utiliza el principio “una mentira mil veces repetida se transforma en una verdad” (frase atribuida por algunos historiadores a Paul Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda del régimen hitleriano de la Alemania nazi). Se crean así “matrices de opinión” que se presentan como verdades evidentes (“se dice”, “según los expertos”, etc.). Ellas van a determinar los conceptos y juicios que los receptores desprevenidos usarán para “entender” el mundo que le presentan.
Este tema tan sensible, por sus implicancias directas en la calidad democrática, adquiere mayor relevancia cuando quienes promueven medias verdades o aportan a las campañas sistemáticas de desinformación para crear una realidad virtual, tienen responsabilidades políticas.

“Desde la tribuna libertaria se instaló una forma liviana de hablar de economía en donde se destacan como elementos característicos del discurso el uso de frases fuertes, diagnósticos terminales y etiquetas por demás rimbombantes lanzadas sin respaldo técnico y sustento fáctico”.
Ese estilo puede ser efectivo en términos comunicacionales, pero choca contra un límite que es ineludible: la realidad no se acomoda a las consignas lanzadas desde las redes sociales. Cuando un diputado nacional, con la responsabilidad institucional que implica dicha condición, afirma que una provincia “está en default” sin sustento y mientras los datos demuestran bajo nivel endeudamiento, equilibrio fiscal y capacidad de repago, ya no se trata de una simple opinión: estamos hablando de una distorsión de los hechos, una manipulación de la realidad.

Eso fue lo que intentó instalar el diputado nacional libertario por Misiones, Diego Hartfield, activo vocero del oficialismo nacional, en uno de los tantos videos a los que nos tiene acostumbrado, esta vez, desde la playa, según denunciaron en las redes sociales quienes salieron a cruzarlo por faltar a la verdad.
Pero el tema no quedó ahí, un reconocido periodista de alcance nacional muy crítico con la gestión provincial salió a marcarle el error y lo bajó del pedestal con una claridad poco habitual: le señaló que deje de festejar malas noticias, porque mientras celebra el ajuste propiciado por la motosierra de Milei, hay gente que se queda sin trabajo, comercios que se cierran y actividades productivas que se apagan. Y fue más allá, le instó: “basta de dibujar la realidad con frases de marketing. Que representar a Misiones implica algo más que repetir un libreto nacional que no se cumple.”

Ese cruce dejó expuesta una incomodidad mayor: las promesas libertarias del bienestar después del sufrimiento no llegan, los resultados no aparecen y la economía real no convalida el optimismo declamado. Por eso, ante un sufrimiento que se vuelve crónico, empieza a crecer el descreimiento. La gente comienza a observar con mayor detenimiento. Y cuando observa que el relato no coincide con lo que vive en carne propia, empieza a cuestionar. No con enojo ideológico, sino con escepticismo práctico. Gran parte de la sociedad ya no se mueve por ideologías, se mueve por emociones.
El accionar de Hartfield no es un hecho aislado de su parte, se ha transformado en una constante. Muchos comienzan a preguntarse si se debe a un verdadero desconocimiento de la realidad o forma parte de una estrategia de posicionamiento en base a la provocación permanente.
Hace 6 meses atrás, el ex tenista expresó: “ojalá que algún día Misiones salga a tomar deuda”, luego de celebrar que el gobernador cordobés Llaryora confirmara que la provincia mediterránea iba a emitir un bono por 725 millones de dólares, con una tasa del 9,75%, a pagar entre los años 2030 y 2032.

A finales de diciembre de 2025, se conoció que, tras 8 años de gestión, la Provincia de Misiones obtuvo financiamiento internacional para la ejecución de la construcción de una línea de alta tensión de 132kv, clave para el desarrollo productivo de la Zona Centro de la provincia y que tendrá un impacto directo en más de 30 localidades.
El dato saliente es que la Provincia logró una tasa preferencial del 5,9% gracias a su excelente “scoring crediticio”, producto del orden fiscal. Y más, la reconocida calificadora de riesgo internacional Moody’s, emitió un informe la última semana en donde destacó la solidez financiera provincial, el bajo nivel de endeudamiento, la escasa exposición cambiaria y la previsibilidad frente al actual contexto macroeconómico nacional. Datos, no opinión.

¿Qué hizo Harfield?, salió a cuestionar al ministro de Hacienda misionero y manifestó que “nunca se puede comparar un préstamo multilateral con un préstamo de mercado”. Y no diputado, “claro que no se puede comparar. Los organismos multilaterales de crédito como la Cooperación Andina de Fomento, financian proyectos del alto impacto orientados al desarrollo productivo de la región, mientras que ir al mercado puede tener los más variados fines: financiar la fuga de capitales, por ejemplo. Un mecanismo ya conocido y usado por parte del ministro Luis Caputo en tiempos donde gobernaba el país Mauricio Macri”.
La historia se repite. Los argentinos no vimos invertidos ni un solo dólar de los distintos préstamos que tomó el Gobierno Nacional.
El legislador libertario lanzó otra distorsión de la realidad en su desopilante video playero: visiblemente eufórico afirmó que Misiones tiene una “aduana paralela” que no sólo es inconstitucional sino que es un lastre para la economía provincial. Al día de la fecha, no existe ninguna sentencia judicial que declare inconstitucional el régimen de pago a cuenta de Ingresos Brutos que practica la Agencia Tributaria de Misiones. La suspensión del pago a cuenta decretado por la justicia, provino de la presentación de medidas cautelares cursadas por un pequeño puñado de empresas que adujeron que no tenían domicilio fiscal en la Provincia. Otra mentira más del ex tenista y broker financiero.

El relato sin sustento prosiguió con otra afirmación inexacta: “Misiones en diciembre no alcanzó a pagar algunos aguinaldos”. FALSO. El Gobierno Misionero tomó la decisión política de diferir el pago de aguinaldos para funcionarios jerárquicos. Lo que fue interpretado como un gesto de la política hacia una sociedad que padece los efectos destructivos de una política económica nacional que derivó en el enfriamiento de la economía, la caída de la actividad y la pérdida del poder adquisitivo.
No debemos dejar de citar un dato por demás llamativo. Durante la campaña, en las propias redes que Hartfield usa como vehículo para instalar el relato de realidad virtual, carente de datos concretos y con altísimo grado de inconsistencias desde el punto de vista técnico, se puso en duda que el ex tenista haya terminado la escuela secundaria. Algo que jamás fue desmentido y que bastaría con una simple foto del certificado analítico para desmentirlo. Sin embargo, Hartfield optó por el silencio. A eso se suma las suspicacias generadas en torno a su “idoneidad” en el mercado de capitales, tal como se presenta en sus redes sociales.

Ni hablar de las veces que, en programas de la televisión porteña, fue presentado como economista, una carrera de grado que demanda al menos 5 años de estudio. Las dudas se acrecientan entre quienes hacen cálculos de la fecha en que ex tenista abandonó la práctica profesional del deporte, porque “no le dan los años para haber estudiado la carrera de Licenciatura en Economía”.
Queda claro que hablar, puede hablar cualquiera. Pero decir la verdad, en donde cada afirmación se encuentra sustentada en datos objetivos, implica una elevada cuota de responsabilidad y sobre todo veracidad. No todos pueden hacerlo, aunque deberían, más aún cuando ostentan un cargo público.
(*) Abogado. Diplomado en Manejo de Crisis y en Análisis de Procesos Electorales. Especializado en Comunicación de Gobierno y Electoral. Becario de la Fundación Konrad Adenauer (Alemania) y del Centro de Análisis y Entrenamiento Político (Colombia).

Perfecto el editorial.
Mi aporte va por otro lado y es bien simple: ir a la Biblia para entender algo que hoy parece nuevo, pero no lo es.
La manipulación y las realidades dibujadas no nacieron con las redes. Lo que cambió es la velocidad y el alcance. La Biblia ya lo decía hace rato cuando hablaba del poder de la palabra. Proverbios lo dice sin rodeos: “La muerte y la vida están en poder de la lengua”. Lo que se dice puede levantar o puede destruir.
Santiago lo explica más claro todavía: “la lengua es un fuego”, algo chico que puede prender todo un bosque. Hoy ese fuego es un video, una frase grandilocuente o una consigna tirada sin datos. Se larga, corre y después que se arreglen los demás.
Efesios suma algo clave: “ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación”. En política eso es simple: hablar con responsabilidad. Cuando un diputado nacional sale a instalar escenas falsas sin bancarlas con hechos, no está opinando: está confundiendo a la gente a propósito.
Y Mateo va directo al hueso: “de toda palabra ociosa que hablen los hombres, darán cuenta”. No es gratis mentir, exagerar o vender humo.
¿Quién tiene que frenar esto?
Desde el Gobierno, funcionarios, equipos técnicos y comunicación. Así de simple: datos claros, información oficial y hechos concretos. Explicar, mostrar y sostener la verdad en el tiempo, sin circo ni chicana.
Y algo más: no alcanza solo con aclarar. Hay que marcar la mentira cuando aparece y dejarla en evidencia. Lo que dijo Diego Hartfield no es una pavada: es desinformación. Un tipo sin recorrido en la gestión pública, ex tenista, hoy “economista trader” guaú, no puede andar diciendo cualquier cosa sin que alguien lo ponga frente a los datos.
Y ahí entra también la red de medios. La red está para exponerlo, llamarlo a que dé la cara y lo explique. Que salga a hablar. Y si no sale, peor todavía. En política, cuando no podés sostener lo que decís, el silencio te deja solo y en ridículo.
Gracias por participar